TRIPTICO DE LA MISION CONTINENTAL

 

Explicación

 

El Papa Benedicto XVI regaló a los Obispos que participaron en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, un retablo de arte cuzqueño, pintado a mano por el artista peruano Eduardo Velásquez. Se trata de una verdadera catequesis en imágenes. Una imagen que, acompañará la gran misión continental que toda la Iglesia llevará adelante en América.

Cada detalle del triptico está lleno de belleza y simbolismo, siendo la tónica de todo el conjunto, fundamentalmente bíblica. Esta forma de presentar “el Evangelio” es muy antigua en la Iglesia. Ya desde el s. XV circulaba la llamada “Biblia Pauperum” o “Biblia de los pobres” que era una edición popular de textos bíblicos acompañados con muchas imágenes que iban enseñando sobre los misterios de la vida del Señor.

Centro:

1- El motivo central lo ocupa la figura de Cristo Resucitado, en la hora del envío misionero de los discípulos . La imagen radiante de Jesús preside la totalidad del tríptico. En los rostros de los enviados se manifiesta la plural riqueza del pueblo de Dios. Hay hombres y mujeres; algunos tienen tez blanca; otros rostros son de mulatos, de indígenas, o de mestizos. Esta contemplación es acompaña por la experiencia de cercanía con el Señor, que los impulsa a la acción misionera. Hacia el fondo se ve la escena del Calvario y dos ángeles. En la leyenda se reproducen las palabras del envío discipular “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19) y “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Esta imagen representa el lema de Aparecida: “Discípulos misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

2- El Padre Eterno y el Espíritu Santo. Corona el tríptico una imagen de Dios Padre. Se le muestra unido al Espíritu Santo y al Señor Resucitado. Con este remate, todo el tríptico logra un marcado carácter trinitario, tal como era usual en los retablos de la primera evangelización. Se indica así cuál es la fuente y el destino de la historia humana. Así, el Dios Uno y Trino es propuesto como la suprema realidad de amor, en la que se sostienen e inspiran todas las formas de comunión y solidaridad que brotan del evangelio

Columna izquierda:

1- Es encabezada por el gran misionero venido de España, Santo Toribio de Mogrovejo , el Obispo místico que realizó una gigantesca obra evangelizadora desde su sede limeña. Por su obra, fue declarado Patrono de los Obispos de América Latina. Defendió incansablemente a los pobres y a los indígenas, realizando numerosos sínodos y concilios que promovieron la vida religiosa de toda América.

2- El solemne encargo de la Madre del Señor a su Iglesia . A la luz del milagro de Caná, se señala catequéticamente el imperativo pastoral de movilizar el amor a María de los fieles a una obediencia irrestricta al querer de Jesús: “Hagan lo que Él les diga” . La figura de los esposos, destaca la grandeza del sacramento del matrimonio. Con este primer signo, Jesús no sólo se ocupa del vino de la fiesta, sino que anticipa la mejor de las Fiestas, la Eucaristía, que la Iglesia celebra comunitariamente cada domingo.

3- Vocación de los primeros.  Pedro, Andrés, Santiago y Juan son llamados. Las palabras de elección de Jesús, tienen una réplica humilde de Pedro quien se siente del indigno para seguir la vocación de apóstol. Desde ahora serán pescadores de hombres. Los cuatro escogidos aceptan remar mar adentro y echar las redes sólo “en tu nombre”. El resultado es una abundancia milagrosa. Han dejado todo. Comienzan la senda del seguimiento discipular.

4- La multiplicación de los panes. El verde de la hierba recuerda que ocurrió en primavera. Cristo despliega el poder de su misericordia, haciendo abundante el escaso alimento inicial. Pero no es Él quien entrega el pan a la multitud: “Denles ustedes de comer”. Los discípulos tienen el encargo de atender a los necesitados. Resuena aquí una urgencia impostergable. Es el imperativo de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe de atender a los pobres y postergados, “sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos” (Homilía de los obispos 11-05). Con este signo, Jesús anticipa la realidad futura: “Yo soy el pan vivo bajado del Cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre”. Se observa la voluntad del Señor de ofrecer su alimento a través de sus discípulos y ministros.

Columna derecha:

1- Es encabezada por Santa Rosa de Lima, primera santa latinoamericana, que vivió entre finales del 1500 e inicios del 1600. Representa la recepción del Evangelio por parte de los criollos americanos. Esta laica nacida en una familia de origen dominicano, llegó a una alta cumbre de intimidad esponsal con Cristo y de heroica caridad con los pobres.

2 - Encuentro con los discípulos de Emaús . Esta escena muestra como Jesús mismo entra en el dinamismo peregrinante de la Iglesia.  Durante el camino, Él explica las Escrituras. En la mesa de Emaús, el Resucitado parte y comparte el pan. Pictóricamente la atención se focaliza en la centralidad de la Palabra y la Eucaristía. El texto de la leyenda registra la intensidad del encuentro de los discípulos con su Maestro: “Cómo arde nuestro corazón”. Es un ardor contemplativo que llevará a un nuevo trayecto misionero hacia Jerusalén. Ellos experimentaron la presencia y cercanía del Señor y en la fracción del pan, reconocieron a aquel que les hizo arder el corazón cuando les explicaba las escrituras.

3. La venida del Espíritu Santo . Es el nacimiento de la Iglesia. Los apóstoles se congregan en torno a María Madre. Pedro tiene las llaves, como símbolo de su encargo específico en el Colegio Apostólico. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. Aparecen las mujeres, de las que habla el libro de los Hechos. Unidad en la comunión del Espíritu Santo. Variedad de carismas. Sólo por el vigor divino que el Paráclito les concede, podrán asumir la misión encomendada. A partir de ahora, el Espíritu los llevará a ser discípulos misioneros que anuncien el Evangelio a todos los pueblos.

4. Los discípulos de Jesús evangelizan . Sucede ahora. Los discípulos entran en la vida de “nuestros pueblos”. La evangelización ocurre en el diálogo cotidiano. Los discípulos y misioneros del siglo XXI prolongan el amor y el compromiso de San Juan Diego de Guadalupe que, con la Biblia en la mano, lleva en su tilma impresa por el Cielo, la imagen de la Virgen María, discípula perfecta y sabia educadora de los elegidos por Jesús para evangelizar.

 

El tríptico resalta que la vida de la Iglesia del nuevo continente, fiel al amor de Cristo Resucitado, tiene hombres y mujeres Obispos, Consagrados, laicos y laicas, que han vivido las virtudes de forma heroica, siendo testimonios de santidad. De esta forma, Santo Toribio, Santa Rosa, San Juan Diego y muchos otros Santos latinoamericanos guían con el ejemplo de sus vidas a ser verdaderos discípulos misioneros en este tiempo, “para que los pueblos en Él, tengan vida”.

El retablo es un signo de la misión continental que debe llegar a cada hogar, comunidad y Parroquia, para recordar que la vida se origina en Jesús resucitado, que todos los católicos son discípulos misioneros del Señor y que, con la fuerza de su Espíritu, deben evangelizar a tiempo y a destiempo, empezando por sus hogares.

 

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